Las 7:25 de la mañana. Salgo.
Abandono la habitación del hostal, y me deslizo por el hueco, acunado por el característico swishhhhhh del deslizamiento del ascensor. A la entrada dos trabajadores que han madrugado un poco más que yo, y esperan a un tercero en el hall, me saludan: buenos días. Hola!
Salgo a la calle, desierta, domingo por la mañana, resaca de la victoria con vuelta al marcador incluida del Barça sobre el Español. El silencio es roto por el cloc cloc de mis zapatos de puntera de hierro, protección indispensable para evitar que un acidente laboral me pudiera dejar sin dedos, y que provocó que hace poco en el aeropuerto del Prat un vigilante muy simpático me hiciera descalzarme para hacerlos pasar por el detector. Mientras camino, saco del bolsillo las llaves del coche, que comienzan a acompañar a mis zapatos con el clásico chin chin. Este llavero es un conjunto de todo lo que necesito al cabo del día, las llaves del coche, las de la habitación del hostal, y una navaja suiza maravillosa que me regaló el otro día por sorpresa una persona muy querida. Casi sin darme cuenta, juego con uno de sus acessorios, lo saco y lo suelto, lo saco y lo suelto... tic tic, tic tic, tic tic...
A lo lejos se oye el chau chau de una tele encendida, alguien que ve las noticias, retransmitidas por una de esas locutoras que yo llamo "letizionas"... todas, en mayor o menor medida, la imitan... supero el balcón del que procede el sonido de la tele, y me acerco a un comercio de untramarinos, con sus frigorícos incansables tras las persianas, mmmmmmmmmmmmmmm... ya queda menos para llegar al coche, aparcado en la calle contigua, esta vez bien, no como la otra noche, en la que la rigurosa policía local de Badalona me dió la gran alegria de un pase vip para visitar los depósitos de la grúa... el lugar no parecía prohibido, pero ellos sí lo tenían claro. Eso sí, tuvieron el detalle de esperar, desde las 7 de la tarde hasta las 7 menos 5 de la mañana para llevarselo, 15 minutos antes de que yo apareciera a recogerlo para irme a TRABAJAR. Hasta ese día juro que creí que me llevaría un buen recuerdo de este lugar. Ya NO.
Esta calle baja al paseo marítimo, es agradable sentir en la cara la brisa fresca, fssssssss. Detrás de mí se escucha a un coche que discurre por la avenida, shhhmmmm. y delante de mí, el tren de cercanías, que me hechiza cada vez que lo veo pasar, fiummmmmmmmmmmmmm!!!!!, que parece que va a arrancar el paisaje de su sitio, como si fuera un decorado de papel medio despegado de una pared.
Todos estos sonidos son de pronto tapados por el uahhhhhhh!!! de mi bostezo, a 20 metros del coche. Comienza mi antepenúltimo día en Barcelona. Buenos días a todos!
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